El zapallito —ya sea redondo, zucchini o calabacín— es uno de los cultivos más generosos de la huerta.
Produce rápido, rinde mucho y llena el jardín de flores amarillas y frutos tiernos listos para cosechar.
Es el tipo de planta que recompensa cada cuidado con abundancia y sabor.
Cultivarlo en casa es muy sencillo. Solo necesita sol, espacio y riegos regulares para crecer con fuerza.
Su planta rastrera se expande y da vida al huerto, mientras sus flores anuncian una nueva cosecha.
Es perfecto para quienes disfrutan de cocinar con lo que cultivan: fresco, sabroso y directo de la tierra.
El zapallito es una planta de clima cálido, amante del sol y las temperaturas estables.
No tolera las heladas, por lo que se siembra a partir de la primavera, cuando el suelo ya está templado (mínimo 18 °C).
Necesita 6 a 8 horas de sol directo al día para desarrollarse correctamente.
Podés sembrarlo directamente en la tierra o en macetas grandes.
Colocá 2 o 3 semillas por golpe a 2 cm de profundidad, y cuando las plántulas tengan 3 hojas verdaderas, dejá la más fuerte.
Dejá 70–100 cm entre plantas para que tengan espacio de sobra para extenderse.
Si el espacio es limitado, podés guiar las ramas con tutores o sogas.
Le gustan los suelos ricos en materia orgánica, sueltos y bien drenados.
Antes de sembrar, incorporá compost maduro o humus de lombriz.
Durante el crecimiento, reforzá cada 15 días con abonos naturales ricos en potasio y nitrógeno, como té de compost o purín de ortiga.
Evita los suelos compactos o muy húmedos, que pueden generar pudrición.
El zapallito necesita riego regular y constante, especialmente en floración y fructificación.
Regá siempre al pie de la planta, sin mojar las hojas, para prevenir hongos.
Un acolchado vegetal ayuda a conservar la humedad y mantener el suelo fresco.
Cosechá los frutos cuando midan entre 10 y 15 cm, antes de que endurezcan: cuanto más cosechás, más produce la planta.
Las primeras flores suelen ser masculinas (sin fruto en la base) y luego aparecen las femeninas, que forman el zapallito.
Si las abejas escasean, podés polinizar manualmente, pasando un pincel del centro de una flor masculina a una femenina.
Las plagas más comunes son pulgones, arañuelas y oídio (polvillo blanco en las hojas).
Controlá naturalmente con jabón potásico, extracto de neem o infusión de ajo.
También podés asociar el cultivo con albahaca, menta o caléndula, que repelen insectos.
La cosecha comienza a los 40–50 días de la siembra.
Cortá los frutos jóvenes con tijera o cuchillo para no dañar la planta.
Los zapallitos se conservan en heladera hasta una semana o podés usarlos en tortillas, salteados, rellenos o conservas.
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