Alto, firme y majestuoso. Un símbolo de abundancia y energía.
Sus espigas doradas no solo son hermosas, sino también una fuente de alimento versátil: desde choclos frescos hasta pochoclos, humitas o tortillas.
Cultivarlo en casa es una experiencia única. Ver cómo las plantas se elevan y las mazorcas comienzan a formarse conecta con la tierra y las tradiciones más antiguas.
Solo necesita un buen lugar con sol, riegos constantes y paciencia, y pronto vas a tener tus propios choclos listos para cosechar.
El maíz es una planta de clima cálido. Requiere mucho sol y temperaturas superiores a 20 °C para desarrollarse correctamente.
No tolera heladas, por lo que la siembra ideal es a partir de la primavera cuando el suelo ya está templado.
Necesita un lugar protegido del viento, ya que sus tallos altos pueden quebrarse fácilmente.
Podés sembrar directamente en el suelo, colocando 2 o 3 semillas por golpe a 3 cm de profundidad, dejando 30 cm entre plantas y 60–70 cm entre hileras.
Cuando las plántulas alcancen unos 15 cm de altura, dejá solo la más vigorosa.
Una buena práctica es sembrar en bloques o cuadrados, no en líneas largas, para favorecer la polinización entre plantas (el maíz se poliniza por el viento).
El maíz es exigente en nutrientes: necesita suelos ricos en materia orgánica y bien drenados.
Antes de sembrar, incorporá compost maduro o estiércol bien descompuesto.
Durante el crecimiento, podés reforzar con abonos naturales ricos en nitrógeno y potasio, como té de compost o purín de ortiga.
El riego debe ser regular y abundante, sobre todo durante la floración y el llenado de las mazorcas.
Evitá que el suelo se seque por completo. Un acolchado vegetal ayuda a conservar la humedad y reducir malezas.
Cuando las plantas alcancen unos 40 cm, aporcá tierra en la base del tallo para fortalecer el anclaje.
El maíz puede verse afectado por gusanos, orugas y pulgones.
Controlá con extracto de neem o infusiones naturales de ajo.
Sembrar albahaca, menta o tagetes cerca ayuda a repeler insectos y atraer polinizadores.
El choclo está listo para cosechar unos 90 días después de la siembra, cuando los granos están blandos, jugosos y de color uniforme.
Una señal clara es que los “pelos” del extremo de la mazorca se secan y oscurecen.
Para conservar las mazorcas, podés blanquearlas y congelarlas o desgranar los granos para secarlos y guardarlos como poroto de maíz o para pochoclo.
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